CRISTIANIA

15 Agosto, 2008

Copenhague 2007

BARRIO/”ESTADO INDEPENDIENTE”.

Christianhavn, Copenhague, Dinamarca

Esta tiene que ser una entrada necesariamente singular, porque no es lo mismo opinar de los croasanes de un bar que de un barrio completo, con pretensiones de estado libre asociado. La ciudad libre de Cristiania, algo así como la república independiente de Cristiania.
En 1972 un grupo de hippies sesentayochista derribaron las puertas del abandonado Campamento Militar de Cristianshavn y lo ocuparon. Es una muy considerable porción de terreno que se encuentra al sureste del centro histórico de Copenhague, en el barrio que le da nombre y que fue una expansion defensiva de la ciudad del S.XVII, debida al rey Christian IV, al que todo esto debe el toponímico.
Pero no se conformaron con ocuparlo, decidieron proclamar la “Ciudad Libre de Cristiana”, aprovechando que nadie sabía qué era eso, con base anarquista y en la que no se aceptaban las leyes del estado danés, del que se consideraba independiente. Así.
El proceso en los tribunales fue largo y ha desembocado en un estatu-quo, 35 años después, en el que la municipalidad de Copenhague lo considera un “experimento social cooperativo autogestionado”, lo que también está muy bien, la policía no molesta y las drogas blandas están “permitidas” según sus habitantes y el gobierno danés no sabe o no contesta; se autogestionan los servicios e infraestructuras internas, aunque sospecho que sus habitantes van a los hospitales públicos del gobierno opresor.
La situación actual la describe bastante bien un gran letrero en una de las salidas de la ciudad en el que uno puede leer: “YOU ARE NOW ENTERING THE EUROPEAN UNION”.

Acabo de decir “una de las salidas de la ciudad”. ¿Qué quiere decir eso, cómo está configurado el territorio?. El primer hecho sencillo pero notable, es que cuando uno discurre por el barrio adyacente y, de pronto, dobla una esquina, sabe que está en Cristiania. ¿Cómo? Por esos signos que hacen que uno reconozca el territorio que pisa. Para empezar, el pavimento y los demás equipamientos urbanos, cuando existen, son incomparables a los de la “ciudad oprimida de Copenhague”; la vegetación, semisalvaje, ha crecido a sus anchas, cuando no fomentada por los moradores, lo que hace de esta zona una especie de bosque no-urbano; la iconografía es otro dato importante y alguien debería analizar esto, si no lo han hecho ya: pasa de una imagen hippy orientalizante, de sus primeros años, a una pandillera suburbana, grafitera y mucho más agresiva. Y es que la venta y consumo tolerados de hachís y marihuana ha atraído a una fauna humana variopinta y no siempre del tipo buenrollito, como se suponía, dando como resultado momentos y zonas en los que el ambiente es más de que te van a partir los morros que de paz y amor. Pero todo convive en Cristiania razonablemente. La arquitectura es otro factor fundamental. Primero están los antiguos edificios militares: cuarteles, barracones, almacenes… algunos de varios siglos y monumentales, que han sido “restaurados” en un sentido muy amplio del término, con intervenciones personalizadas, en ocasiones con fortuna, pero siempre con esa imagen buscadamente desastrosa que corresponde al universo formal “alternativo” no se sabe muy bien a qué. Después están los edificios, generalmente casas, que se han construido nuevos y que van desde la chabola-chic al neo-vernáculo (como la Banana House), pasando por una mayoría de arquitecturas efímeras consolidadas. Dos cosas las unifican: la autoconstrucción e ingentes aportaciones de IKEA para hacer el conjunto más vividero.
En medio de todo eso surge un comercio que puede ser interesante, más allá de la venta de enteógenos vegetales (los sintéticos son perseguidos con furor por los locales). Tiendas de todo tipo de quincallería oriental, ropa reciclada o tejida in situ, un gran almacén que abarca desde la papelería hasta los materiales de construcción, por lo general también reciclados, la próspera tienda de bicicletas “Cristiania Bikes”, con modelos propios que exportan y, por supuesto, la hostelería. En este apartado uno puede encontrar desde un magnífico Café en un hangar impresionante hasta un vegetariano que resultó ser un “restaurante autogestionado”, lo que quería decir que tú te llevas lacomida a la mesa y que después pones la vajilla sucia en un lugar previsto a tal fin. Como en McDonnalds, vamos. Pero la comida, eso sí, excelente, barata y abundantísima, en un sitio bastante agradable si prescindimos de una camarera jovencita recién llegada a la alternatividad, bastante agresiva con los que no parecíamos suficientemente “cristianizados” (ironías de la toponimia).
En definitiva, sí, otro sitio, otro lugar, reconocible morfológicamente y por la concentración de circunstancias sociales que se dan, por la ghettización de una determinada forma de ver la vida y la sociedad. Pero nada realmente nuevo, nada que de forma más diluída no podamos ver en muchos otros sitios y, sobre todo, nada que parezca un logro realmente envidiable, un resultado por el que el experimento sobresale y merece la pena aprender de él.
Un dato: la densidad es muy baja, pese a su envidiable ubicación y a no haber aparentes restricciones para instalarse allí, solo unos dos mil habitantes pueblan Cristiania. Parece que el sistema capitalista ha logrado lavar el cerebro a la gran mayoría de la población danesa aburguesada, lo que les impide, pobres, liberarse y disfrutar de la redención de la Ciudad Libre de Cristiania.

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